UN CAVERNACULO DEL DIABLO

En una casa, no muy lejos del pueblo, vivían dos mujeres: madre e hija. Eran dos figuras contrastantes. Aquella, ya entrada en años, tenía el rostro seco y apergaminado. Su larga e hirsuta cabellera hacía tiempo que se había declarado enemiga del peine. Sus ojos, sobre todo de noche, refulgían con un brillo extraño y terrible. Un oscuro atavío, semejante a una mortaja, cubría su cuerpo escuálido y casi transparente. Su extremada palidez se aproximaba al color del cardo. La gente –y no sin razón- le guardaba un miedo de padre y señor mío: el miedo, el mismísimo miedo que se siente ante las furias desatadas del infierno.

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OLIGARCAS DE PONCHO Y FOETE

Aquella noche, víspera de la fiesta del Apóstol Santiago, hubo leva en el pueblo.El gobernador y su equipo de subalternos se encargaron de encerrar en la chirona unas tres o cuatro docenas de mozalbetes pendencieros y badulaques. Entre ellos estaba Jacinto, famosísimo en la parroquia, aparte de su afición a los zumos de la uva y de la caña, por la endiablada digitación que sabía poner en las cuerdas de la guitarra.

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RESUMEN TECNICO

Oligarcas de poncho y foeteEditorial Imprenta Amauta S.A., Edición 1966. Lima- Perú . Págs. 142. Dedicado a sus padres, esposa e hijas.

R.T.

Libro de doce cuentos escritos en el ambiente serrano.

Contiene :

- El Campeón del Colmillo.

- El Cóndor Devorador de niños.

- Oligarcas de Poncho y Foete, etc.

UN FLECHAZO DE CUPIDO

La noche, Norma y yo. Tres entidades en el fondo misterioso, del paisaje. Entre la una y la otra no parece haber ninguna diferencia. Ante mis ojos, tanto ésa como aquella tienen la misma terrible belleza. Las pupilas de Norma, al igual que la noche, esconden caminos sin término. Su frente no es otra cosa que un gajo de niebla cuajado en el umbral de sus cabellos. La noche y Norma: dos fuerzas extrañas que se depositan en lo más hondo de mi alma. No sé cuál de los dos motivos me estremece con inaudito poder. ¿Ella? ¿La noche? Norma pesa en mi vida por su fascinante belleza y la estela de recuerdos que tengo de ella; la noche, por la arborescencia de sus estrellas y su inexorable profundidad.

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