I

En estos instantes que escribo estos versos,
mi Patria es cautiva de torvo Caín,
¡Ay, Patria, tus hijos se pudren dispersos
al golpe sangriento del rudo botín!

Escarban tus ojos los buitres perversos.
Tarascan tus carnes la hiena, el mastín…
Te cosen los labios, maceran tu esfuerzo,
te enlodan, te embarran de estiércol, y orín.

¿Por qué, Patria mía, la cruz, el flagelo?
¿Por qué el cepo, el yugo?…Señor de los cielos.
¿A quién este Estado-presidio convence?

¿Quién seca tus lágrimas? ¿Quién venda tus llagas?
Te escupe el sicario y te clava sus dagas.
¡Te rompe y te raja la fuerza castrense!

II

La Ley es impuesta por quien es más fuerte.
Y es fuerte quien arma de hierro su mano,
quien en diosa cruenta su pasión convierte
y en pobre al hidalgo y en siervo al hermano.

Desoye el llamado del oro y advierte
que, como en el fruto dulce está el gusano,
del goce en el fondo se esconde la muerte
y que toda fuente persuade el pantano.

Desiste del néctar precario y prefiere
no la rosa sino la espina que hiere,
el camino abrupto, la renunciación…

Que de haber cumplido yo con esta enmienda,
no tuviese ahora piedras en mi senda
ni esta ardiente herida dentro del corazón.

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