1

Lejos de la ciudad: una granja, una casa,
alrededor los árboles, las plantas en floración,
y yo sobre una hamaca, como quien se relaxa,
con mi habano en la boca y mi vaso de ron.

Leyendo a Omar Kayán, a Ovidio, a Kalidasa,
chirriando en torno mío el grillo, el moscardón,
saltando entre las ramas el pájaro que caza
y cantando, a lo lejos, las aguas del acequión.

Sin escuchar que digan «un pequeño burgués»,
libre del caudillismo y la borriquería,
sin máscara, desnudo, del pecho hasta los pies.

Con el acre perfume de la corteza herida
y con el alma hundiéndose allá, en la lejanía,
ebria de las recónditas dulzuras de la vida.

Entradas relacionadas

Deja una respuesta