37.

Toca también mis labios,
como llama inmaculada,
la oración;
suspenso quedo al instante
mientras se derrama
no sé qué calma
en todo cuanto pienso.

Siento correr la lágrima
cuando oro, pálido y triste;
afloran en mis llagas,
jacintos de rubí,
amapolas de oro;
que beso mis venablos
y mis dagas.

Viento interior,
plegaria,
hermoso viento
apagando el ardor,
y entre las ruinas
rociando rosas
y esparciendo ungüentos.

Mi labio está purificado.
Ahora, tocadme, sí,
no me hallaréis espinas-
Solo se sabe amar
cuando se llora.

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